lunes, septiembre 13, 2004

Vamos a ver...

La semana pasada (el martes, creo...) el encargado le dijo a una compañera (A) que tenía que hacer el turno del domingo por la mañana y a la chica no le hizo mucha gracia porque ese no era su horario y bla bla bla, y que además, justo este domingo tenía una comida familiar ineludible. Bueno, ahí se quedó la cosa.

Total, que llegó el jueves y el encargado nos dijo a una compañera (B)y a mí que uno de los dos tenía que hacer ese turno, pero lo dijo de una forma impositora, tal que o sí o sí, y claro, ninguno de los dos queríamos y así se lo dijimos. Bueno, pues el encargado nos dijo que si no queríamos que no pasaba nada, que ya encontraría la solución, pero que le parecía muy mal que no le hiciéramos ese favor a una compañera. Mentira, le contesté yo, porque si fuera un favor, tendría que pedirlo ella, y no el encargado, pero que bueno, ya lo haría yo (porque mi otra compañera no podía y me veía muy presionado, y es que fue una encerrona de lo más rastrera.

Así que el sábado salía de trabajar a la una de la noche y el domingo entraba a las nueve. Una matada.

Pero llega el sábado y viene la compañera que tenía que hacer ese turno y me dice que finalmente no va a ir a la comida y que puede hacer el turno. Y yo no sabía que hacer, ya que ya había hecho planes, pero la idea no no tener que sufrir ese madrugón me seducía. Pero en este punto entraban mas voces: la compañera B me dijo que si yo no venía por la mañana podía cambiarle el turno a ella (que a su vez se lo había cambiado a otro compañero) para que tuviera más tiempo (esa noche iba a ir fuera de la ciudad), y la compañera C me dijo que ya se había hecho a la idea de trabajar conmigo esa mañana y que lo prefería. Así que me veía muy presionado, porque de una forma y otra no iba a hacer mi turno. Pensé que yo ya me había hecho mis planes y que era tarde para modificarlos.

A las ocho suena el despertador. Menudo horror. He conseguido levantarme y he ido a trabajar bastante fresco, tanto que me ha gustado el turno y luego comiendo le he dicho al encargado que si no tiene a nadie para hacerlo que me lo ponga a mí.

Ya ves tú, tanto follón para nada.

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