lunes, mayo 16, 2005

Ni lo uno ni lo otro

En realidad todo no había vuelto a ser igual, ni había vuelto al principio, porque por más que quiera las cosas han cambiado. Yo he cambiado.

No sé muy bien como explicarlo, pero creo que desde hace unos días estoy enamorado. O eso, o mis hormonas están en plenos carnavales, porque puedo pasar de los momentos más pletóricos a los momentos más angustiantes en cuestión de segundos. No paro de pensar y plantearme posibilidades a cada gesto, a cada palabra y a cada ausencia. Quizá sólo sea que ya me he vuelto loco del todo, y lo peor de todo es que no puedo hacer otra cosa que esperar. Tantas cosas que decir y todos los tabúes y prejuicios sociales por delante.

Para darle más emoción al asunto he sufrido de nuevo el acoso laboral (no, el acoso sexual en el trabajo, no, por desgracia). Finalmente he caído en el juego de los dimes y diretes de la cárcel, y entendí que estas cosas sólo se comprenden cuando las vives en carne propia, puesto que cuando mis compañeras me contaban sus penas yo no era capaz de identificar sus sentimientos, puesto que ojo que no ve, corazón que no siente.
En fin, que me llevé un disgusto monumental, pero mientras iba al encuentro con mis hermanos (para pedirles consejo sobre lo que debía hacer) se me pasó todo y comprendí que yo no era culpable de nada, no era más que una victima de mi jefe, víctima a su vez de la educación que le habían dado (según la cual, él tiene que tener razón porque sí y no tiene que pedir perdón ni disculparse bajo ningún concepto). Vamos, lo de siempre.

Y cuando me encontré con mis hermanos me vi envuelto en una fiesta de las que hacen historia, una de ésas que salen en los periódicos, como la fiesta de la primavera que organizan en Sevilla, que miles de jóvenes se reúnen espontáneamente a pasarlo bien. Pues resulta que eso en la ciudad (pero previamente organizado) se hace todos los años y yo no me había enterado. Lamento mucho habérmelo perdido anteriormente. Y me pillé una monumental, pero me lo pasé genial genial genial.

Y al día siguiente (sábado) me encontraba fatal y mi estómago  peor todavía, pero tenía que ir a trabajar con unas ganas nulas, porque no tenía que aparentar estar de lo más normal y corriente, sino estar encantado de la vida, pero yo, claro está, sólo quería estar en la cama, y mucho menos, al lado de mi encargado y su guerra fría.

Por suerte, él se va quince días de vacaciones (y aunque me alegre mucho, sé que le voy a echar de menos) y luego me voy yo otros quince, así que a la vuelta todo será muy diferente, quizá del todo, porque hay que buscar otro trabajo. Es como si este episodio me hubiera hecho desemperezarme de una vez y decidir cambiar las cosas, o al menos intentarlo: buscar un trabajo mejor, ahorrar y definir de una manera más clara que quiero para mi futuro, en vez de dejarme arrastrar por la rutina y las satisfacciones fáciles. Y es que hay que aprender de las cosas malas y de las peores.

Jo, cuando construía este comentario en mi mente parecía más interesante.

Por cierto, cambio de diseño. El anterior era bastante feo (pero obligado), y éste tampoco es muy espectacular, pero lo pensé al ver en un kiosco un libro que aseguraba enseñar a dibujar paso a paso chicas manga, y me hizo gracia eso de las chicas manga, y decidí que yo también quería ser un chico manga. He pasado a utilizar mi auténtico nombre (si es que blogger me hace caso), porque sí ( hay una razón de verdad, ¿eh?).

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