Enganchado a Slam Dunk
Otra vez atacado por un manga deportivo. La primera vez fue Oliver y Benji, por la tele, por las mañanas, hasta que me harté de que fuera taaaaaaaaaaaan largo. La segunda vez fue One Pound Gospel, con el boxeo, y la tercera vez(sin contar las partes deportivas de los mangas de Wataru Yoshizumi) fue Touch, que me leí en apenas un mes enterita (y también me compré en un mes). Pero Touch es algo más que béisbol a saco (aunque tenga partidos de quinientas páginas horriblemente angustiantes), y yo disfrutaba mucho con la extraña relación entre sus protagonistas y sus encantadores secundarios.
Pero acabado Touch, era cuestión de empezar otra serie deportiva. Para mí, que no me gusta ni practicar deporte ni verlo, seguir manga deportivo es algo así como pecar mucho mucho según las reglas de tu secta, pero yo ya había empezar Slam Dunk en enero, y lo había dejado por la crisis y tal, pero una vez recuperado de la crisis, y aunque tenga pendientes Blame! e Hiroshima por acabar y con tomos sin leer (que al paso que voy no sé si leeré siquiera), continuar la serie era prácticamente obligado. Bueno, pues ya voy por el tomo once y ¡quiero los que me faltan ya!
Y eso que esta serie es baloncesto a saco, porque las relaciones amorosas son mero acompañamiento propio de un manga para niños como es éste, y ni siquiera quedan ya tramas de violencia a tope como las anteriores (cosa rara, porque no explican porque Ryota y Mitsui se pelearon ni como acabó éste último siendo un gamberro, cosa que me da mucha pena, porque Mitsui es mi personaje preferido, y si fuera un gamberro sería todavía más interesante).
A pesar de esa lacra narrativa que supone estar destinado a niñitos (otra cosa que no se cuenta es cuándo se enrollan Kogure y Mitsui, ni el extraño interés de Sendo hacia Rukawa (el personaje menos interesante de toda la serie, por cierto)), el manga no deja de estar muy bien, y a mí, que ya he dicho que el deporte ni me va ni me viene, me están resultado muy interesante los partidos, a pesar de todas las reglas raras que cuentan.


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