En realidad todo no había vuelto a ser igual, ni había vuelto al principio,
porque por más que quiera las cosas han cambiado. Yo he cambiado.
No sé muy bien como explicarlo, pero creo que desde hace unos días estoy
enamorado. O eso, o mis hormonas están en plenos carnavales, porque puedo pasar
de los momentos más pletóricos a los momentos más angustiantes en cuestión
de segundos. No paro de pensar y plantearme posibilidades a cada gesto, a cada
palabra y a cada ausencia. Quizá sólo sea que ya me he vuelto loco del todo, y
lo peor de todo es que no puedo hacer otra cosa que esperar. Tantas cosas que
decir y todos los tabúes y prejuicios sociales por delante.
Para darle más emoción al asunto he sufrido de nuevo el acoso laboral (no,
el acoso sexual en el trabajo, no, por desgracia). Finalmente he caído en el
juego de los dimes y diretes de la cárcel, y entendí que estas cosas sólo se
comprenden cuando las vives en carne propia, puesto que cuando mis compañeras
me contaban sus penas yo no era capaz de identificar sus sentimientos, puesto
que ojo que no ve, corazón que no siente.
En fin, que me llevé un disgusto monumental, pero mientras iba al encuentro con
mis hermanos (para pedirles consejo sobre lo que debía hacer) se me pasó todo
y comprendí que yo no era culpable de nada, no era más que una victima de mi
jefe, víctima a su vez de la educación que le habían dado (según la cual,
él tiene que tener razón porque sí y no tiene que pedir perdón ni
disculparse bajo ningún concepto). Vamos, lo de siempre.
Y cuando me encontré con mis hermanos me vi envuelto en una fiesta de las
que hacen historia, una de ésas que salen en los periódicos, como la fiesta de
la primavera que organizan en Sevilla, que miles de jóvenes se reúnen
espontáneamente a pasarlo bien. Pues resulta que eso en la ciudad (pero
previamente organizado) se hace todos los años y yo no me había enterado.
Lamento mucho habérmelo perdido anteriormente. Y me pillé una monumental, pero
me lo pasé genial genial genial.
Y al día siguiente (sábado) me encontraba fatal y mi estómago peor
todavía, pero tenía que ir a trabajar con unas ganas nulas, porque no tenía
que aparentar estar de lo más normal y corriente, sino estar encantado de la
vida, pero yo, claro está, sólo quería estar en la cama, y mucho menos, al
lado de mi encargado y su guerra fría.
Por suerte, él se va quince días de vacaciones (y aunque me alegre mucho,
sé que le voy a echar de menos) y luego me voy yo otros quince, así que a la
vuelta todo será muy diferente, quizá del todo, porque hay que buscar otro
trabajo. Es como si este episodio me hubiera hecho desemperezarme de una vez y
decidir cambiar las cosas, o al menos intentarlo: buscar un trabajo mejor,
ahorrar y definir de una manera más clara que quiero para mi futuro, en vez de
dejarme arrastrar por la rutina y las satisfacciones fáciles. Y es que hay que
aprender de las cosas malas y de las peores.
Jo, cuando construía este comentario en mi mente parecía más interesante.
Por cierto, cambio de diseño. El anterior era bastante feo (pero obligado), y éste tampoco es muy espectacular, pero lo pensé al ver en un kiosco un libro que aseguraba enseñar a dibujar paso a paso chicas manga, y me hizo gracia eso de las chicas manga, y decidí que yo también quería ser un chico manga. He pasado a utilizar mi auténtico nombre (si es que blogger me hace caso), porque sí ( hay una razón de verdad, ¿eh?).