miércoles, agosto 03, 2005

II viaje anual a Sopelana

El primero del año, vamos. Fue el día de Santiago, que tuve que pelear para tenerlo libre. Me pareció fatal la forma en que se desarrolló la disputa, y c7uando me lo dieron el otro chico y el encargado se comportaron como si me hubieran donado un riñón. Pero me da igual, yo tenía claro que ese día iba a estar en la playa, y si no me lo daban iba a pillar una baja o me iba a despedir.

Desgraciadamente como era festivo el primer bus salía a las once y el último a las siete y media, lo que daba un margen de cuatro horas para estar en la playa, y pensé que ya de paso podía pasar la noche en Bilbao y volver al día siguiente. En realidad pensaba ir con mi familia a Laredo, pero como iba a estar nublado tuve que cambiar de opción.

El lunes por la mañana en la ciudad hacía un sol fatal, pero según nos acercábamos a nuestro destino se iba poniendo más gris. Yo esperaba que no lloviera, pero predecía que todavía podía pasar algo más, que hubiera bandera roja.

Llegamos al Termibus, la estación de autobuses de Bilbao (bastante cutre, por cierto) y cogimos el metro a Larrabasterra. Por el camino me quedé sorprendido por la cantidad de grafitis que había y por su calidad, porque generalmente parecen vulgares pintadas, pero éstos no: tenían tipografias cuidadas y dibujos bien trazados.

Y llegamos a la playa tras andar un par de kilómetros. Concretamente a la salvaje de Sopelana, que se supone que más inaccesible, pero yo el año pasado fui a la no salvaje y me pareció más difícil de encontrar.
La playa era preciosa, aunque la arena estaba un poco sucia. Me aprece muy mal que la gente sea tan cerda y abandonde los papeles y las colillas, pero ya lo de los aplicadores de tampones no tiene nombre.

En la playa había muy pocas personas, casi todo eran abuelos nudistas. La marea estaba muy baja y se supone que cuando está baja puedes ir andando de una playa a otra, si eres un experto escalador, claro, porque había que pasar rocas afiladísimas y otras resaladizas. En la aventura descubrimos que, efectivamente, había bandera roja, lo cual no impedía que todos los sruferos se metiesen bien adentro.

Después de comer me quedé dormido y empecé a pelarme. Me había quemado quemado el miércoles pasado en la pisci y era inevitable.

Volvimos a Bilbao y dejé a mi acompañante en el bus y fui a casa de mi tía. Conocí a su gato. Me hbaían dicho que era agresvio, pero nada mçás verme se paseó entre mis piernas y dejó que le acariciara hasta que me arañó, me enseñó los dientes, me rugió y no me quitó el ojo de encima.
Luego fingía ponerse mimoso para al momento volver a amenazarme el muy cabrón.

Vino mi primo y cenamos y después intenté arreglarle el ordenador sin éxito. Al día siguiente me levanté temprano para ir de compras. Me compré el Zoo Keeper de segunda mano por 30 ? en el Centro Mail y a esar de que no tenía intenciones de comrpar mangas me pillé el segundo tomo de Lamu, el cuatro y quinto de Old boy y los tres primeros de Culdcept de segunda mano. Luego fui al Corte Inglés pero pasé de pillar DvD porque tengo un montón sin ver, pero encontré un cd de singles de Detective Conan por 6 ? y no podía dejarlo ahí.

Súper cargado fui a casa de otra tía a comer. Me quedé poco porque tenía que coger el bus a las tres y no sabía el horario de los urbanos.

Bilbao cada día está más bonita gracias a la discriminación fiscal, pero sigue sigue sinb ser una ciudad para vivir. ¡Qué horror de cuestas y menuda contaminación acústica!

Volví a la ciudad totalmente renovado. Sentí que realmente había necesitado hacer una escapada de éstas de hacer lo que te dé la gana y comprarte lo que quieras, pero a las dos horas después, cuando fui al trabajo toda la descarga desapareció. Qué mal.

Y éste fue el viaje y sólo me ha costado dos semanas redactarlo y pasarlo a blogger. Bravo.

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