Las cosas que vienen así
La semana pasada era puente y yo pensaba: "qué bien, qué guay, más tiempo libre, la de cosas que podré hacer", pero también pensé: "necesitarán a alguien para suplir el trabajo extra, y seguro que soy yo", y efectivamente, fui yo, claro que no me importaba, porque con las horas de más podría coger una semana de vacaciones en enero, y eso compensaba bastante. Pero el lunes me levanto muy mal, me había resfriado sin más ni más, y en definitiva, estaba hecho una mierda, pero no tenía más remedio que aguantar el peso y currar. Así todo el puente. Encima esa semana no iba a poder librar (pero la semana de vacaciones contaba mucho). El jueves yo estaba al límite, y no sé muy bien por qué, pero llegué diez minutos tarde al trabajo, y en el descanso para la cena me tiré una hora, con el consiguiente enfado del sustituto del encargado, que no estaba, pero yo no podía evitar reirme.
En fin, el viernes había quedado con unos amigos para tomar algo, pero unos compañeros de trabajo me invitaron a tomar algo también, aunque al final la fiesta se pospuso. Busqué a mis amigos, que estaban cenando en un chino, y me fui con ellos por ahí. Llegué a casa a las nueve de la mañana con dos cosas muy claras: que me lo había muy bien, pero que también había pasado muchísima vergüenza por las cosas que no recordaba haber hecho. Como era de esperar, fui a trabajar con una resaca alucinante, pero dicen que aguanté muy bien y que me porté como un jabato (yo no me acuerdo muy bien). Ese día a casa directo.
El domingo estuve durmiendo y luego fui a trabajar, un día normal, pensando en que al día siguiente libraba, ya había hecho planes, qué bien, qué ganas... Pues no. Me desperté por la madrugada helado de frío. Mi hermano me dijo que tenía fiebre.
Yo pensaba que sería el resfriado, que no se habría curado bien, pero el médico nada más verme dijo que era la muela del juicio, que tomara unas drogas durante cuatro días y a ver qué pasaba. Mi primera baja, que sería genia, si no estuviera hecho una mierda. Adiós día libre.
El martes se presentó todavía peor. Me despierto con cuarenta grados de fiebre. Una hora después de tomar las drogas la fiebre no remite, así que a la ducha, que sí bajó la fiebre un ratito, porque luego me subió a treinta y ocho. A la noche ya no tenía fiebre, pero tampoco sueño, y estuve toda la noche despierto. Y llega el miércoles.
El dentista se entera de lo pasado (yo no me he enterado de nada) y quiere ver la muela porque no le parece normal una fiebre tan alta, así que me hace ir a la consulta en contra de mi voluntad para decirme que la muela está perfectamentesana y colocada y que no tiene nada que ver, lo cual está muy bien, pero entonces, ¿a mí qué me sucede? ¿Por qué me tiene que pasar esto?


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